‘Costa Brava, Líbano’, ópera prima de Mounia Akl: profundo sentimiento de cambio social

(Crítica)

La sala de la Academia de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (ubicada en Madrid), sirvió para la presentación -en su momento- de la ópera prima de Mounia Akl «Costa Brava, Líbano», con guión de Akl y Clara Roquet; una película que se hizo merecedora del Premio Especial de Jurado en el Festival de Sevilla.

La cinta es la resultante de la coproducción Líbano-Francia-España-Suecia-Dinamarca-Noruega-Estados Unidos (Abbout Productions, Cinéma Defacto, Fox in the Snow Films, Lastor Media, Participant Media, Snowglobe Films, Barentsfilm AS, Boo Pictures, Ginger Beirut Production).

Señalando inicialmente el muy logrado trabajo de su reparto (con Nadine Labaki, Saleh Bakri, Nadia Charbel, Ceana Restom, Geana Restom, Liliane Chacar Khoury, Yumna Marwan y Francois Nour) y una magnífica recreación fotográfica de Joe Saade, que abunda en planos subjetivos que realzan la solidez de sus actrices y actores; «Costa Brava, Líbano» deja en el espectador un sabor agridulce.

Mientas trata la crisis de los Badri -familia «progre» de profundo sentimiento de cambio social-, que salieron de Beirut para construir la utopía particular heredada de sus tiempos contestatarios, al margen de los conflictos y desencuentros sociales de la gran urbe, resistiendo al capitalismo global así como de su polución; se deja al margen -o trata de manera soslayada- esa misma crisis medioambiental que va a rodear a la familia y que, finalmente incide definitivamente en ella de manera fundamental.

Mounia Akl se vuelca en la construcción de sus personajes, libres y excéntricos, cuya fatalidad comienza con el montaje de un vertedero a escasos metros de su casa, construida en un lugar idílico y que va a convertirse en el territorio de basura que poco a poco irá rodeándoles hasta exigir su marcha del lugar.

Un basurero presentado en época electoral como una solución creativa e innovadora pero que, tras la campaña política, acaba siendo abandonado a su suerte, como ocurre en otros muchos lugares del mundo presuntamente democrático en el devenir de sus comicios antes de asistir a las urnas.

Akl, no obstante y a pesar de que en la presentación de la película en su pase en Madrid el representante de la distribuidora Avalon insistiera en el carácter crítico sobre la destrucción del medio ambiente en el mundo, focaliza la trama en las relaciones familiares: en los encuentros y desencuentros de unos personajes libres y autónomos unos de los otros, y de la sustancial catarsis que se provoca cuando se suscita un problema dentro de su núcleo que, abogando por el respeto individual, necesitará de acuerdos conjuntos.

Hay que insistir, no obstante, en la solidez de la realización y en la acertadísima elección del elenco, que hace de «Costa Brava, Líbano» una película atractiva sobre la decadencia tanto del sistema como de la propia familia o, quizás, de la convivencia. 

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