Hasta el cielo, de Calpasoro, del infierno al paraíso quinqui

Hasta el cielo es la última película de Daniel Calpasoro, un thriller con trazos de historia real que su guionista, Jorge Guerricaecheverría, se planteó como una investigación periodística, tal y como él mismo reconocía en su presentación en la vigésimo tercera  edición del Festival de Málaga Cine en Español que se lleva a cabo la última semana de agosto; su estreno en las pantallas -previsto para el 2 de septiembre- ha sido pospuesto hasta nueva fecha, según sus anunciaban sus productores Borja Pena y Emma Lustres.

En este sentido, Calpasoro aprovecha una historia de amor -proganonizada por Miguel Herrán y Carolina Yuste- para hacer un somero análisis del crimen organizado en este país, con una serie de robos más o menos espectaculares que han ido apareciendo en los rotativos nacionales.

En cierta medida, y tras el traspaso del pormenorizado trabajo de Guerricaecheverría a la pantalla, Hasta el cielo podría establecerse dentro del género de cine quinqui o macarra que Carlos Saura abriría en la historia del reciente cine español,, siempre sujeto a la realidad de unos jóvenes de barrio pobre (casi chabolista), carentes de recursos económicos, y para los cuales las «peripecias» de las bandas organizadas que pululan a su alrededor sirven como referente vital.

Calparsoro, no obstante, puntualizaba en rueda de prensa que la cinta «no tiene referencias cinematográficas, ya que se inspira estrictamente en la actualidad. De ahí que el guión incluya cierta esencia periodística. Se trata de un thriller de acción basado en hechos reales», acontecimientos que en el trabajo cinematográfico identifican con la dualidad social que existe a ambos lados de la ley, que parecen muy distantes pero que a veces se entremezclan entre los grandes «capos» y los policías corruptos.

El reparto lo completan Luís Tosar, Asia Ortega, Leiva, Richard Holmes, Patricia Vico y Fernando Cayo, entre otros, un elenco actoral de veteranos y noveles para narrar (a ritmo frenético como le corresponde al género) una historia más de las barriadas degradadas a las afueras de las grandes ciudades (en este caso Madrid), con un joven -Ángel- que representa las frustrantes perspectivas de esa realidad, su incierto futuro, pero también al territorio donde los atrevidos escalan posiciones en ese ámbito, todo ello aderezado con una relación amorosa -Estrella- que le da más fuerza y contenido.

Calpasoro destacaba en el festival cinematográfico malagueño una circunstancia que envuelve al filme que, aunque contado inicialmente desde un punto de vista estrictamente masculino «se va feminizando, un giro necesario para atrapar al espectador a través de un intenso y agitado guión», y lo hace precisamente a través de la circunstancia amorosa, de la aparición de elementos que se suman a la relación.

En definitiva, el cineasta barcelonés  -El silencio de la ciudad blanca (2019), El aviso (2018), Cien años de perdón (2016), Combustión (2013), Invasor (2012), Ausentes (2005), Guerreros (2002), Asfalto (1999), A ciegas (1997), Pasajes (1996), Salto al vacío (1995)- cuenta esta vez una historia de macarras que llegan a lo alto de hampa nacional, los entresijos del ascenso y la necesaria colaboración de una sociedad que lo repudia hacia fuera pero que está muy dentro.

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